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¡Qué ternura ver a los pollitos durmiendo!


¿Verdad que no existe imagen más hermosa y más tierna que la de cachorros caninos o felinos agotados por el sueño durmiendo unos encima de los otros? Al respecto, creo que no hay ninguna duda. ¿Y si los que durmieran fueran pollitos? Sería algo tierno también, ¿por qué no?, pero es válido reconocer que a la hora de compararlos con las mascotas que viven entre nosotros, las emociones que nos despiertan los gatos y los perros están por encima de cualquier otra especie. No hay que olvidarse que para los hombres y mujeres de buena voluntad los primeros son beneficiaros de caricias y amor, mientras que los últimos -en todo el sentido de la palabra- son lisa y llanamente comida –que lo único que despiertan es el apetito-.

¿Pero te detuviste a mirar con qué placidez duermen los pollitos de la foto? ¡Realmente se los ve descansar en paz! ¡…Acerca tus narices un poco más a la foto! ¿Realmente los ves dormir? La suerte de los pequeños de la imagen que miras de soslayo es directamente proporcional a lo que tú comes; una cosa trae a la otra. Por lo menos los de la foto ya son felices, pues pasaron a mejor vida.


Según nuestros usos y costumbres, perros y gatos tienen más ganas de vivir, más derechos de ser libres que los pollos machos recién nacidos en una industria orientada a la producción de huevo. Por haber nacido en el lugar equivocado se los introduce en una cámara de gas para que dejen de existir en el transcurrir de seis parpadeos o directamente se les arroja a un carrusel infernal que los transportará de forma vertiginosa a una espeluznante trituradora. Mantenerlos con vida no es redituable para los intereses de la empresa y en un mundo que clama por consumir no hay tiempo para sentimentalismos baratos. Mientras tanto, la humanidad, impasible, imperturbable, en lo único que pone énfasis es en el deleite de consumir omelettes, importándole poco –por no decir nada- el costo en vidas.

Acuérdate cuando te reúnas a cenar hoy con tu familia y todo sea armonía y felicidad que siempre hay alguien que está peor que ti y que la verdadera justicia se practica con los que están por debajo de ti. El primer paso para implementar esa Justicia con mayúsculas es en tu plato y lo que vas a llevar a tu boca cuando empuñas las armas de destrucción masiva más temibles y más potentes de la historia: el cuchillo y el tenedor. Si sigues consumiendo lo que proviene de animales estarás perpetuando la idea, en ti mismo y en los demás, de que los necesitas para vivir y de que su misión en la Tierra es satisfacer tus caprichos -eufemísticamente llamados "necesidades"-. En la medida que no cambies tus hábitos y que tu mira no vaya más allá de tu ombligo este genocidio durará por toda la eternidad.


¡Aplica la compasión, pon en práctica la empatía, déjate abrazar por la revolución más justa en la historia de la humanidad! ¡Abre tus puertas al veganismo: por ti, por ellos, por el planeta!

Alejando Goldstein

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