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"¡Me cago en el sida, yo cojo igual!"


En esenciavegana.com te mostramos la realidad -que te empecinas en no ver- como nadie lo hace: cruda, sin maquillajes ni circunloquios. Sé que no te gusta cómo te planteo las cosas, pero, parafraseando a George Orwell -que dice que "en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario"- una de las formas más nobles de decir la verdad es evitar los tendenciosos eufemismos.


En la década del 90 del siglo pasado, una pandemia letal llegó para quedarse y un poeta urbano aprovechó la ocasión para estampar su ¿humor? en la esquina de las calles Gral. Urquiza y Juan Cabal de la ciudad de Montevideo: "Me cago en el sida, yo cojo igual". El paralelismo con la peste que nos está golpeando con fiereza, que cambió nuestra tradicional forma de saludarnos y que nos está matando es que los humanos actuamos como si la tal cosa no existiera. Muestra de ello es que el grueso de la población mundial se caga -siguiendo el hilo conductor escatológico del grafiti montevideano- en el Coronavirus y por ende, se pasa la mascarilla y los consejos de las autoridades sanitarias por las partes. ¿Qué podemos esperar de la gente si gobernantes de verdaderas potencian promueven semejante acto de insurrección? Uno puede entender una rebelión, pero amotinarse ante el consejo de especialistas en la materia habla de una necedad sin precedentes.


Nos hemos vuelto expertos en crear paliativos, no para salir de los problemas, sino para poder capear los temporales -que últimamente nos visitan más de la cuenta-. Disfrutamos del veneno y luego fabricamos el antídoto. Esa carrera frenética hacia la nada nos encuentra en un punto trascendental de la historia en el que nos transformamos en un cúmulo de interrogantes, que no sabemos qué hacer ni dónde escondernos y que las cosas más pequeñas nos producen pánico. Nos está pasando de todo, y como el ser humano es el único animal que tropieza cuatrocientas treinta y siete veces con la misma roca, lo único que ansiamos es regresar a la vida anterior, esa que nos condujo a este laberinto sin salida aparente.


En ese caos mental, los gobiernos prohíben a sus ciudadanos la libre circulación por las calles tratando de contrarrestar los efectos devastadores de la pandemia. Los únicos enfermos que hay que atender y las únicas estadísticas a las cuales hay que prestar atención pasan por el Coronavirus. ¡Lo otro no existe! Dentro de lo "otro", poco importa que entre suicidios y accidentes de tránsito muera mucha más gente. ¿Quién entiende el contrasentido que se prohíba circular por la vía pública, pero que la venta de alcohol sea libre? La violencia doméstica y los accidentes de tránsito se potencian por el consumo de alcohol, sin embargo, nadie hace nada. La respuesta de esa inacción es que ese "vital líquido" mueve millones de dólares en todo el mundo. ¡Lo que falta es gente que piense y lo que sobra son borrachos!


Tu panacea (y la de tu planeta) está más cerca de lo que crees y hay una sola forma de abordarla. Simplemente con ingerir alimentos adecuados para tu naturaleza estarás dando un paso de gigante para alcanzarla. Está en la portada del libro que si hubiésemos procedido de manera diferente nada de esto estaría ocurriendo, pero somos rehenes de nuestra propia cultura, manejamos con maestría el ponernos las esposas y después no saber cómo zafar de ellas.

Todos los males de la humanidad provienen del maltrato animal. ¿No te parece que esta es la gran ocasión para empezar a experimentar el veganismo? Recuerda siempre que la mente es como el paracaídas: funciona solamente cuando se abre. ¿Abrirás algún día la tuya?

Alejandro Goldstein

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