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Humanidad: conglomerado de contrasentidos


Cuando la doctora Marlo Morgan redactó la novela Las voces del desierto, en la que la narradora viaja a encontrarse con un grupo de aborígenes australianos en el inhóspito interior del continente, estos le trasmitieron el mensaje de que el mundo se está destruyendo, pues mientras la naturaleza va por un lado, los intereses humanos van por otro. Dentro de esas magníficas lecciones de espiritualidad, quedé encandilado con una pregunta que estos le formularon: ¿por qué el festejo tiene que involucrar irremediablemente la figura del desconsuelo y el luto? Los aborígenes nos enseñan una concepción novedosa y revolucionaria para los hombres de nuestro envenenado mundo: la posibilidad de que todos podamos celebrar y compartir la fiesta sin que nadie salga herido de muerte o en sus sentimientos. Para nuestra cosmovisión, la fiesta no es completa si alguien no sale humillado. Está comprobado que los fanáticos de los equipos deportivos celebran más las derrotas de sus adversarios que las victorias propias


Somos un conglomerado de contrasentidos, y para ejemplificarlo de la mejor manera tengo que remitirme al título de un libro ampliamente galardonado de los escritores estadounidenses Canfield y Hansen que nos habla del amor, la sabiduría, la esperanza y el poder para animarnos en los momentos más difíciles a través de ejemplos que iluminan el camino de la felicidad. No tuvieron "mejor" idea que llamarlo Sopa de pollo para el alma. Por un lado un animalito salvajemente ultrajado, y por otro el amor. Francamente no entiendo esa relación. Una sociedad que se considera justa no debería enseñar a los pequeños en el jardín de infantes que "La Señora Vaca sabe trabajar", cuando la realidad sin discusiones marca que es brutalmente vejada desde que nace hasta que muere. Cicerón lo explicó de manera descarnada: "como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad".


Por otro lado, el refrán "fueron felices y comieron perdices" resume en cinco palabras la equivocada idea de que somos el ombligo del mundo: la felicidad del hombre en detrimento del sufrimiento animal -en este caso la perdiz- que genera la idea subliminal de que para que seamos felices la muerte tiene que inmiscuirse entre nosotros.


Este título sugestivo que elegí para mi libro tiene como finalidad poner énfasis en que la lucha por la supervivencia es escandalosamente desigual. Para uno que nació y se crio en el Río de la Plata es muy fácil trasladar el título del libro a la idiosincrasia en la que fui educado: fotografías de comensales sonrientes, mientras al fondo se ve -entre humo, llamas y brasas- cómo se cocinan a fuego lento los cadáveres de quienes en vida no tuvieron la dicha de tan siquiera una pizca de felicidad.


Sería fantástico que todos pudiéramos celebrar sin que nadie salga herido, pero llegar a ese plano espiritual superior no se logra de un día para el otro. Desde mi tribuna haré todos los esfuerzos por seguir difundiendo la verdad que te ocultan con maestría y que te enferma con sutileza.


Lo que más deseo para este año es que la gente pare la máquina, reflexione e implemente los cambios que traerán la verdadera felicidad.


Alejandro Goldstein

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