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November 3, 2019

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La perspectiva vegana

Si hay cosa que no le falta a los veganos es material para divulgar su cosmovisión. En épocas en que la gente definitivamente ha sepultado el hábito de la lectura y canaliza todo su aprendizaje exprés en fotos, afiches o vídeos cortos, dicho material sirve de apoyo gráfico a aquellos que queremos desarrollar la idea de que se puede vivir perfectamente sin consumir “alimentos” provenientes del reino animal . Lo más frustrante para un escritor es que ante la pregunta: “¿leíste el artículo que publiqué?”, respondan con total desparpajo: “¡No, es demasiado largo!” Estos son tiempos para invertir en las series de Netflix; no para salvar el planeta -que se cae a pedazos ante nuestra pasividad y parálisis mental-.

 

De perogrullo mencionar que si a alguna persona “normal” le cae por casualidad un artículo o foto sobre veganismo, inmediatamente “cambiará de canal”. La gente está en otra cosa y no anda perdiendo el tiempo en "lunáticos" que hablan de “nimiedades”.

 

Pues bien, me llegó este vídeo en donde una muchacha -entrada en quilos, pero lejos de una peligrosa obesidad- come ante la cámara un descomunal pedazo de carne cruda con una “romántica” forma de corazón. Con fruición y en poco más de cuatro minutos, se devora lo que fue un respetable trozo de cadáver de vaca, que ya yace en su vientre, para que en setenta y dos horas su organismo pueda evacuarlo –con los consabidos interminables conciertos de cuescos que “purificarán" el ambiente-.

 

https://www.facebook.com/animalfreedomfighter/videos/673563413163221/

 

Por supuesto que el vegano ve con repugnancia absoluta este vídeo, pero lo curioso es que los amantes de la carne también lo ven con aversión. La pregunta vegana es: ¿cómo puede ser que los necrófagos humanos vean este vídeo con asco si ellos hacen exactamente lo mismo? Las respuestas –tratando de ejercer una pueril defensa- es que ellos no comen la carne cruda y además la sazonan para darle el sabor deseado. Yo puedo agregar otros argumentos –que se pueden rebatir en un solo segundo-. La gente dirá: “nosotros la comemos con cubiertos”, -cuando vemos que la pata del pollo la sostienen con la mano-. Uno se pregunta: ¡tanto vestido, tanto maquillaje, tanto protocolo!, ¿para qué?, si al final tocan con la mano los restos mortales de un animal.

 

Cada vez que los veganos no somos invitados a una celebración, lo festejamos con “bombos y platillos”. Si no queda otra alternativa y tenemos que acudir –para salvaguardar la armonía familiar- tenemos nuestros mecanismos internos para no terminan regurgitando en el rostro de la gente –cosa que se consideraría un bochorno y una falta de urbanidad-. Lo primero es no mirar el plato de los otros humanos con los que compartimos mesa. Pero lo que sí tenemos absolutamente prohibido, es observar bocas femeninas con “rouge” masticando hasta el hartazgo pedazos de cadáveres, pues ese desliz tendría el final fatal que me aquejó en un vuelo de Copa Airlines.

 

Volábamos con mi hija desde ciudad de Panamá a Montevideo. A la hora de la cena las opciones eran muy “variadas”: “empanadas de carne o empanadas de pollo”. Sus “fragancias”, sumada a la pregunta por parte de la azafata (¿de carne o de pollo?) ya me produjeron cierto vahído. En cierto momento me distraje y vi como un anciano trituraba apasionadamente con sus dientes los cadáveres disfrazados dentro de una masa hojaldrada. No me quedó otra alternativa que correr al baño para evacuar mi nutritiva comida -no sin antes sufrir escalofríos y maremotos de sudor-.

 

Como conclusión, antes de invitar a un vegano a una fiesta o a una cena, piénselo dos veces, no sea cosa que…

 

 

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