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El "legado" de nuestros mayores

March 1, 2017

Nuestra vida es delineada y esculpida por la educación que nos brindan nuestros padres y maestros. Llegamos al mundo limpios en todo sentido, desprovistos de ropas y sin saber la diferencia entre el bien y el mal. De a poco nos van inoculando religiones, reglas de moral, de conducta, dogmas, y esas enseñanzas pasan a ser nuestra incuestionable verdad suprema. Ya en la niñez empezamos a incorporar miedos, odios y fobias, así como el sentimiento de amor profundo. El ejemplo más gráfico para comprobar esta verdad es el del bebé que es echado a una piscina profunda a poco de nacer y sale a flote nadando como un profesional, mientras a su madre le galopa el corazón por la angustia y el pánico. ¿Cómo no iba a hacerlo exitosamente si durante nueve meses lo estuvo practicando dentro del vientre materno? Es el antagonismo entre la más pura naturaleza y los más impúdicos miedos terrenales. De esa manera nos van moldeando, aclimatando a cómo habremos de reaccionar en este sinuoso camino llamado vida.

 

Según nuestros padres, maestros y el mundo todo, comer carne es un hábito saludable y muy recomendable que incorporamos desde muy pequeños. Es lógico que así sea, pues es el plato principal en la mayoría de las culturas desde hace miles de años. Ingerir cadáveres es continuar con una tradición y ese detalle por sí solo lo hace más que respetable. Si nuestros mayores comieran insectos, nosotros también lo haríamos. Tres importantes postulados hacen que el consumo de carne y derivados de la leche sean aceptados con naturalidad: siempre estuvieron presentes, son recomendados por los pediatras -pues está comprobado "científicamente" que aportan proteínas y nutrientes "fundamentales" para el ser humano- y porque su sabor es agradable para la amplia mayoría. Por estas razones, casi no hay posibilidad de escapar a este vasto repertorio gastronómico. Es muy difícil que alguien rompa las cadenas de ese hábito alimenticio, arraigado desde casi el comienzo de la civilización. Cada vez que surja un pensador presentando argumentos en contra de esta práctica, su voz será minimizada a través de un agresivo aparato publicitario que dejará esos debates existenciales para otra oportunidad. Por ahora no hay tiempo para nimiedades y sí para producir a gran escala.

 

Estamos inmersos en una arrolladora sociedad de consumo basada en la oferta y la demanda. Si actualmente toda la población mundial demanda carne, huevos y leche, deben existir establecimientos que "produzcan" estos alimentos en forma masiva. La única materia prima serán millones de animales diariamente confinados, martirizados, aporreados y degollados. Si bien el mundo, el Supremo Pontífice de la Iglesia Católica, los grandes rabinos y los guías espirituales del Islam hablan de compasión, amor y claman por un mundo de paz, no deja de ser un dato anecdótico que en sus platos nunca falta algo de origen animal. Rezarán por los desvalidos, por los que sufren, pero ¡la comida es la comida, y con ella no se juega!

 

 

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